jueves, marzo 29

Oferta de trabajo: ¿copy?





Se busca redactor de contenidos (senior, a ser posible, con nivel de redacción excelente), con Licenciatura en Comunicación, nivel de inglés y español C2 (bilingüe nativo), amplio conocimiento en bases de datos, PAQU, photoshop, arte contemporáneo y redes sociales. Debe poseer grandes dotes creativas


Realizará tareas de: búsqueda y redacción de contenidos originales en inglés y español (sobre arte, diseño, fotografía, revistas de cultura visual, etc.), selección y retoque fotográfico de imágenes, dinamización de los contenidos en redes sociales e Internet, también se encargará de subir el material al gestor de contenidos y otras tareas similares. 

Remuneración: 0 € /mes + tarjeta de autobús. 


          Lo peor de todo es que esto NO ES UNA BROMA. Acabo de ver esta oferta donde piden un becario "experto" en copywriting y arte, Social Media, informática y encima bilingüe. Creo que se les ha olvidado pedir conocimientos en SEO porque igual no saben ni lo que es. Así que, vamos por partes. 

           Lo primero es que no estoy en contra de las becas pero creo que este tipo de acuerdos laborales tienen un sentido: enseñar a la persona que sale bastante verde de nuestro sistema educativo, especializarla en un área o en varias (pero no en todas), darle la posibilidad de tomar contacto con el entorno laboral, en definitiva, formarla. ¿Le interesa esto a una empresa? En teoría, sí. Poder enseñar a una persona con un coste reducido de unos 300-400 € /mes para después incorporarla a la plantilla, contando con que esa persona adquirirá agilidad en los métodos de trabajo de la empresa y servirá de apoyo a profesionales mediante la realización de tareas que irán de más sencillas a más complejas. 

          Lo segundo es que estoy en contra del abuso. Este tipo de ofertas y las tareas que se describen me hacen pensar que buscan a una persona senior, no junior. O mejor dicho, a 5 personas senior en 1. Que quieren mano de obra barata, ¡casi gratis! Jóvenes cargados de ilusión y energía a los que no les importa el dinero pero que poco aprenderán en sus meses de beca, a los que no se formará, sino que serán explotados; que no serán incorporados a la plantilla sino todo lo contrario, en cuanto a la empresa les cueste mantenerlos más de lo que cuesta una tarjeta de autobús. 

          Lo tercero es que, probablemente, estos chicos tendrán responsabilidades para las que no están preparados porque, sintiéndolo mucho, dudo muchísimo que un "estudiante en los dos últimos años de la licenciatura" pueda redactar de forma "excelente", llevar las redes sociales, retocar fotos, etc. Y si ustedes no lo ven así, lo explicaré con una metáfora: Se busca estudiante de medicina de los dos últimos años para realizar injertos de piel, investigación sobre el ADN, reconocimientos médicos en la especialidad de ginecología y poner un par de escayolas si hace falta. Es cierto que la medicina es algo muy serio y que requiere una gran especialización, pero ¿porqué no nos tomamos en serio el resto de profesiones y mucho menos cuando tienen que ver con el 2.0?

Con mucho gusto, le pasaré la oferta de trabajo a los interesados, ya conocen mi correo. 



miércoles, marzo 14

Quien sea libre que recoja la primera piedra




          Nos fabricaron libres y bien podían habernos enseñado a volar pero parecía más importante que aprendiésemos lo que es el equilibrio, que anduviéramos erguidos por la vida, que mirásemos de frente, que nos protegiésemos del frío y de los sentimientos con pieles de animales muertos, que acabásemos diciendo que lo sentimos.

          Bien podrían habernos fabricado presos y oxidados para enseñarnos a engrasar las alas, a romper las reglas y a volar. Entonces seguiríamos los vientos, miraríamos desde cualquier ángulo y sentiríamos frío, calor, hambre, sed. No diríamos que lo sentimos, tan solo lo sentiríamos.





viernes, marzo 9

soplando ascuas



          Respiramos las 24 horas. Nunca dejamos de hacerlo. Pero no nos damos cuenta. Los fumadores empedernidos nos percatamos cuando llevamos unas horas sin respirar tabaco. Los enfermos se dan cuenta de la dificultad para aclarar sus gargantas. Los buceadores con bombonas de oxígeno son algo conscientes, pero se dedican a mirar los peces.

          Sin embargo, un suspiro. Un insignificante suspiro nos llena el pecho lentamente, habita cada alveolo durante un segundo eterno y sale corriendo estampándose contra los labios de par en par. Un suspiro es respirar. Un suspiro es algo. Un recuerdo que huye, un miedo que desaparece, un estrés que se hace trizas, una canción que empapa, un abrazo que arde.

          El suspiro nos llena de aire, nos llena de nada. Y la nada es un océano en el que flotamos haciéndonos 'el muerto' como cuando éramos niños y mirábamos el cielo o perdíamos el equilibrio al fijarnos en las puntas de los pies, flotando, con el pecho descubierto, con los brazos flacos, las piernas libres, el ombligo entero. El suspiro no es tristeza ni alegría, el suspiro es nada. Es un momento en el que, con gusto, abrazamos nuestra insignificancia. Es un instante de pura ingravidez.


Después, volvemos a respirar.



a
res
pi
rar
res
pi
rar

domingo, febrero 12

Recordando viejos tiempos en la habitación de cartón

Siempre hablando desde esta arista que es mi punto de vista, digo, mi ombligo. 

Hay un momento de insomnio cuando se escribe un relato. 
Primero miro la mosca. La mosca que me ronda. Esa mosca cojonera. Ella da vueltas pero más vueltas le doy yo ¡qué cojones! 
Si matas a la mosca, vendrá otra mosca, porque una mosca es una mosca, sí, pero una mosca son todas las moscas. Y no se puede matar a todas las moscas, no. 
Atrapar a la mosca, meterla en un frasco, tampoco es una opción demasiado atractiva, ni aunque le pongas tacones y un vestido de Gucci. (Gucci me suena a insecto). 
Así que, opción C, distracción. Para distraerte de la mosca que te distrae lo mejor es poner toda la atención en un objeto pequeño. No más pequeño que una mosca, sino más pequeño que todas las moscas: que la Idea de la mosca. 

Ahora tenemos dos cosas: la Idea y el objeto. 

Entonces podemos empezar a jugar. Cojo el objeto mientras la mosca ¡qué cojonera es! ronda que te ronda. Y pienso ¿porqué elegí este objeto? ¿Por qué me eligió esta mosca? He ahí la metáfora. Lo demás es coser y cantar. Puntada y balada, puntada, balada, putada: el insomnio. Porque casi siempre, al final del juego, como cuando construías un puzle, te falta una pieza. Buscas por la casa: entras por el ombligo, las entrañas, abres las ventanas pulmonares, bajas al sótano, rodillas, pies. Te asomas a los ojos, y ahí te quedas. El sueño no llega, no encuentras la pieza. Y pasas días metido dentro de tu casa, oyendo la mosca, mirando el objeto, rompiéndote la cabeza. 

De pronto, sin venir a cuento, la mosca cojonera se posa un segundo y te acojonas. Automáticamente ves que se ha posado encima de lo que buscabas. La última pieza. Da igual que sean las dos de la tarde o las cuatro de la mañana, que duermas, trabajes, o hagas lo más parecido al amor que puedes concebir en horizontal. Te levantas, buscas un lápiz o similar, y acabas el relato, justo antes de que la mosca desaparezca y el objeto, que nunca existió, se convierta en un cuento. 

Sí, creo que más o menos, es así. 


Por eso es miércoles, duermes poco.

sábado, diciembre 10

El final de Los Soprano



 Últimamente me ha dado por el cine como a quien le da por los relatos. Confieso que soy adicta a las series y las incluyo dentro del séptimo arte porque, si no, me vería obligada a desterrar a mis queridos relatos de la literatura. Quid pro quo.


Si el Sr. Donaire, mi futuro marido, estuviese leyéndome mientras escribo, dentro de un par de líneas me haría parar y tendríamos un acalorado debate sobre por qué no incluyo cierta serie en mi lista. Pero como está de viaje y tengo la casa y el blog para mí sola, las series elegidas son las siguientes:

Los Soprano. El final de esta serie ha sido discutido y analizado en centenares de blogs, un desenlace polémico que no deja a nadie indiferente. Pero creo que mi amigo Sergio,quien es por cierto un fantástico escritor de novela negra, coincidiría conmigo en que es un final digno de Rebeca Harding Davis, por poner un ejemplo. Si alguien no ha visto la serie, le recomiendo que empiece ya y también que no continúe leyendo este párrafo porque podría destriparle el final. Un par de capítulos antes de que acabe la última temporada, Tony Soprano tiene una conversación que pasa casi inadvertida en la que Bobby Baccalieri dice ''No oirás nada, probablemente no oirás nada cuando pase''. Y así es como ocurre, después de 6 temporadas, de 88 capítulos llenos de tiroteos, no oimos el último disparo, no lo vemos, todo lo que queda es una pantalla negra en silencio durante 10 segundos. El narrador ha muerto. Sergio y yo podríamos estar horas discutiendo esta serie, empezando por el personaje de Tony Soprano y terminando por los patos, y la verdad es que tengo ganas de encontrarme contigo, Sergi y hablar de patos.

The Wire. Aunque vi esta serie hace ya algún tiempo, aún recuerdo muchas escenas con claridad y, es curioso, porque tengo la sensación de haberla visto en blanco y negro sobre un papel gris pálido y dibujada al más puro estilo de Frank Miller en Sin City. The Wire es la serie sin final, donde los buenos no son tan buenos y los malos no son del todo malos. Omar Little es, sin duda, mi personaje favorito, el Lazarillo norteamericano de Baltimore, una ciudad reflejada -según entendidos- con increíble fidelidad y que hace que nuestras redes sociales parezcan una broma. Al ver esta serie, uno puede entender el por qué el mundo parece no arreglarse nunca o quizás 80 o 90 años de perspectiva sean un punto de vista demasiado limitado.

Breaking Bad. Tenía dudas sobre si incluir esta serie en la lista porque aún no ha terminado pero, a diferencia de lo que ocurría con Lost, de esa incertidumbre colectiva sobre si los guionistas serían capaces de encontrar un buen final, yo confío plenamente en los escritores que están haciendo de esta historia una maravilla de nuestra década. Me encanta ese recurso tan utilizado en el relato por Felix J. Palma y que crea historias sorprendentes dentro de una realidad posible, es decir: "esto podría pasarle a cualquiera", cosa que no ocurre en Lost por ejemplo. Pero además, el volumen de los personajes, la intensidad de la quietud narrativa -dificilísima de conseguir- y, por supuesto, la maestría de la cámara, se superan con cada capítulo sin perder de vista la pregunta que uno se plantea en el primer capítulo: ¿Y tú qué harías si fueses a morir pronto?

Esta es una breve y personal visión de tan solo 3 de las decenas de series de televisión que he visto. Me doy cuenta de que todas ellas tienen un argumento muy ligado al crimen, cuando suelo ser más partidaria de la comedia. Es una pena que The Office no acabase cuando Michael se marchó, si hubiese sido así, estaría dentro de esta pequeña selección. Sin embargo, no es casualidad que todas ellas sean series Norteamericanas. Es cierto que esta industria dispone de medios económicos más que suficientes y muy superiores a los que existen en España, por ejemplo. Pero estoy convencida de que, igual que la narrativa española nada tiene que envidiarle a la existente al otro lado del Atlántico, en este país existe talento suficiente como para producir obras mucho mejores que lo que actualmente se puede ver. Y, la verdad, no entiendo porqué se producen películas o series de tan baja calidad argumental, con guiones que dejan tantísimo que desear y actores que quizás deberían haber pasado por el teatro -o quizás no-. Mi especialidad no es el cine ni me dedico a hacer críticas profesionales en este sector, por lo que todo esto no es más que una libre opinión de espectadora, pero creo que es una pena todo el talento que se está desperdiciando y algún motivo debe haber.

Así que espero que alguien me haga cambiar de opinión recomendándome una serie española que, sea del género que sea, no haga que quiera estar en el lugar de Tony Soprano al final.


(Sergio, cuando quieras tomamos un café con patos).

miércoles, diciembre 7

No olvides el cepillo de dientes




          Eran las 5 de la tarde. Suelo hacer la maleta el día antes de salir. Miro el pronóstico del tiempo, calculo el número de calcetines, apunto en un post-it "No olvides el cepillo de dientes" y lo pego en la puerta. Imposible olvidarlo antes de salir.

          Cuando terminé, cené mi sopa de verduras de los jueves y revisé mi correo personal, contesté los e-mails que no exigían demasiada dedicación pero sí mucha urgencia. Pensé que los e-mails a los que dedico tiempo nunca son urgentes. Me puse el pijama y recordé que tenía que meter el cargador de móvil en la maleta.

          Entonces vi el billete sobre la mesita de noche mientras apuntaba con detalle la agenda que me esperaba. Ida: 7:12 de la mañana. Vuelta: 7:43 de la tarde. 36 horas de reuniones, comidas profesionales y entrevistas ortopédicas. De pronto me di cuenta de que había dejado de escribir sobre el cuaderno para empezar a garabatear una frase sobre los billetes:

Que la maleta me haga a mí.

          Al día siguiente me marché, no sé que hora era, no sabía a donde me dirigía. Solo sé que estoy en Vancouver sin billete de vuelta ni cepillo de dientes y con una maleta que se va llenando de lo que vengo siendo desde que decidí olvidar lo que fui.





Gracias, Fani, por esa frase genial.

lunes, noviembre 7

Esto no es París




     A veces, cuando muevo el té de mi taza, pasa una bandada de patos dividida por la cucharilla, y deseo que a nadie se le ocurra preguntarme qué estoy mirando porque, si digo la verdad, pensaría que tengo muchos pajaritos en la cabeza. Lo curioso es que los patos solo pasan cuando pasa algo más y así se pasan las horas, se pasa el arroz, lo pasamos por alto o añadimos piñones, curry y unas pasas; fácil, ¿no?

     Y después de tanto paseo, me siento bajo un árbol en el salón a mirar cómo las palomas comen cáscaras de pipas en el suelo de mármol, aquí, en medio de Tuset Street, a finales de otoño y sin calefacción. Ahora se forma un nubarrón en el techo y quiero que vengas a cantar bajo la lluvia, pero no, esto no es París, Texas ni Nueva York, así que quito el tapón de la bañera y se van los patos por el desagüe. Se van enteros, con sus patas y sus plumas, con sus gafas de bucear y sus tubos de plástico. Se van del todo y conforme desaparecen, un recuerdo llena toda la calle, un recuerdo que permanece como la brisa, que mueve las hojas, tira algún cartel y luego se marcha también. 

     Otras veces, cuando miro el té de mi taza y no pasa nada, intento recordar y no sé si hubo patos, ni si soy capaz de pelar pipas, si visité o no Muntaner, 38, si me puse el anorak, si llovía cuando no bailamos o bailamos cuando no llovía, si los patos saben bucear... No recuerdo si esto es o no París. Tú te ríes con la boca abierta. Creo que te ríes porque sabes las respuestas, porque tú tienes memoria y yo imaginación. Y tan solo deseo que no me preguntes qué estoy mirando porque, si te miento, temo que los patos no vuelvan jamás.

martes, octubre 18

The cuckoo's net (I)

To the one who lives
in the dark side of the lighthouse.


      A dark day is a dark day,
      Never darker than Mr. Black,
      Who trembles as a spider
      In the cuckoo's nets,
      Waiting for the dark to come,
      And bite him with indulgence.


Para aquel que habita
en la cara oculta del faro.


      Un día oscuro es un día oscuro,
      no tanto como El Señor Negro,
      quien tiembla como una araña
      en las redes del cuco,
      esperando que llegue la oscuridad,
      y lo muerda con benevolencia.


martes, septiembre 27

El porqué de andar solo

¿Quién no se ha levantado con patas de elefante o ha descubierto en la ducha el primer mechón de lobo en la espalda? No es tan raro sufrir una trasformación de la noche a la mañana. Hay niños a los que les salen alas y hombres con colmillos caminando por las calles de cualquier ciudad. 

Marcela llevaba toda la vida observando estas transformaciones, preguntándose cuándo le tocaría a ella. Y aun así, cuando llegó su día, se sorprendió. Todo comenzó en la pantorrilla, con una herida que no terminaba de cicatrizar, un corte pequeño cuya postilla brillaba con la luz. Se la arrancó como quien se muerde las uñas, casi inconscientemente. Y al día siguiente volvió a aparecer rodeada de otras postillas más. Tardó tres días en entender que aquello no era una herida sino una transformación en toda regla: ¡escamas! Le había tocado volverse pez. La única diferencia entre Marcela y cualquier transformado era que ella podía ver cómo su cuerpo estaba cambiando y, a pesar de que sabía que tenía que ocurrir tarde o temprano, de estar segura de que era algo tan inevitable como la muerte, se asustó. Pronto no podría respirar. 

Cualquier transformado en su lugar notaría la falta de aire y lo achacaría a los malos humos de la ciudad, a la edad o al tabaco. Probablemente podría vivir años siendo un pez humano, pero le ahogaría su matrimonio o sus hijos, su trabajo o su exceso de tiempo libre, cualquier cosa. Marcela había observado a muchos peces humanos, de cuerpo abatido y espaldas curvadas, de pies lentos y ojos brillantes que parecían lagrimear constantemente. Le hubiese gustado explicarles el porqué de sus males, pero ¿quién la habría creído? Una vez intentó avisar a una amiga de que el chico con el que salía era un lobo humano, una criatura sedienta y oscura que engatusaba a sus víctimas con una sonrisa formada por brillantes dientes, un ser peligroso cuya casa también se había transformado en una cueva sombría llena de huesos y ecos. Pero su amiga pensó que exageraba y acabó convertida en conejillo de indias. 

Sin embargo, ya no era momento de avisar sino de actuar. ¿Dónde podría vivir un pez si no en el agua? Marcela empezó a tomar largos baños y solo salía de casa cuando llovía. Poco a poco, dejaron de molestarle las cosas que hieren a los humanos, todo le resbalaba por su piel escamosa, mientras sus ojos eran capaces de ver las profundidades de otras miradas. Lo cierto era que no estaba tan mal ser un pez humano. 


continuará...

lunes, agosto 1

quererte los domingos

Es tan fácil, Daniel, quererte los domingos. Tan fácil como hacer la mayonesa. Romper un huevo, unas gotas de limón, mi pizca de sal, tu antojo de pimienta, un poco de aceite de oliva y los girasoles hacen el resto. Después, solo tenemos que batirlo despacio, escuchando atentamente. Cuando suena así, aún no está, pero ahora sí, ahora ya. No todo el mundo sabe quererse los domingos porque ese día no abren los supermercados.


Los lunes, sin embargo, yo me pregunto cómo consigues quererme. Esos lunes carbonara, o los miércoles a la brasa, cuando no hay tiempo para leernos recetas por la mañana, cuando sin importarte el color de los semáforos, me dejas sobre la mesa una sonrisa de tapper ware.

jueves, julio 28

Se acabaron las perdices

Nunca he trabajado como asesino por encargo. Para mí es tan obvio que matar está mal como que morir es inevitable. Y aún así, con solo relajar las pestañas, puedo imaginarme desenfundando un arma en medio de un lejano desierto de Almería. No, esto no es Boston pero pocas películas se libran del sello Made in America. ¿Matar o morir? En este país no he visto ninguna guerra.

Mi tio, sin embargo, sí que fue a la mili, pero no creo que fuese allí donde aprendió a usar la escopeta. Él solía cazar perdices en compañía de mi padre y mi abuelo. Murió el sábado, mi tio. "Se acabaron las perdices", dijo mi padre. ¿Se acabaron los finales felices? Desde que aprendí que todo final de cuento es principio de realidades, no me importa demasiado si el final es triste.

"Mi príncipe sapo me hace el desayuno a diario, mi príncipe sapo me coge de la mano, mi principe sapo no es verde ni azul, mi príncipe sapo no es príncipe ni sapo, eres tú". En la Ciudad del Precipicio las niñas siguen jugando a la comba y cantan sin desafinar.

Este lunes aprendí que en los entierros hay que llorar bajito y que nunca sé qué decir. Recuerdo que el cura leyó el Salmo 23 y estoy segura de que mi tío hubiese preferido que le leyeran el periódico, como hacía todos los días. Eso a falta de una carta sincera de quienes le conocimos, un par de palabras de despedida, el pequeño resumen de su historia. Mi tio merecía un final mucho mejor que aquel Salmo 23, pero siempre fue de los que no reservan lo mejor para el final, vivió comiendo perdices y regalando finales felices.



A Juan García, In Memoriam. 

miércoles, junio 29

Tiempo muerto: reflexionemos




     En palabras de Ignacio Buqueras y Bach: "El tiempo es lo que nos iguala, todos tenemos los mismos 84600 segundos en un día, nadie tiene uno más ni uno menos". El presidente de ARHOE orquesta su vida con una manecilla de reloj como batuta, un método que parece muy efectivo y que a mí no deja de llamarme la atención.

     Recuerdo haber mirado a Daniel (conocido como El Farmaceútico de un solo garfio) con ojos curiosos mientras le repetía: "Todo lo que tengo es tiempo" y cómo el me clasificaba dentro de alguna especie que no era precisamente humana. Daniel me respondía que un día de estos tendría que hacerme mayor pero, por aquel entonces, no era capaz de descifrar el significado de tal advertencia. Hoy lo comprendo perfectamente.

     Creo que cuando uno empieza a trabajar, aparece en su diálogo habitual la coletilla ''Es que no tengo tiempo''. Por otra parte, sabemos que se suele llamar ''tiempo muerto'' a aquellos periodos que no son productivos laboralmente. Por lo tanto, si cuando no estamos 'botando el balón en la cancha o encestando', nos encontramos en el tiempo muerto o en el descanso, es normal que pensemos ''Es que no tengo tiempo'', pues cuando algo está muerto es porque se le acabó el tiempo de vida.

     Existe un dilema en la teoría lingüística que divaga a cerca de si es el mundo el que construye el lenguaje o el lenguaje el que construye el mundo. Por poner un ejemplo: no me negarán la diferencia de significado entre "¿Qué coño es esto?" y "¡Esto es la polla!" Los lingüistas explican que en una sociedad con ciertos orígenes machistas, los atributos femeninos suelen tener un significado negativo mientras que en el caso de los masculinos es positivo. Ahora bien, la sociedad avanza y el machismo nos parece algo medieval a las nuevas generaciones. Sin embargo, el significado positivo y negativo de estas palabras se mantiene y afecta al mundo. Así que, por un lado, el mundo construye el lenguaje y por otro el lenguaje construye el mundo.

     Volviendo al tema del tiempo, he decidido cambiar el adjetivo de esas fracciones fuera de cancha y en lugar de "tiempo muerto" pienso denominarlas "tiempo vivo". Puede que sea un primer paso para volver a tener tiempo, al fin y al cabo, aunque me haya hecho mayor, nunca he dejado de tener esos 84.600 segundos cada día, ni uno más ni uno menos.





 
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